a actriz y cantante Demi Lovato debe estar harta de que se opine acerca de su sexualidad. Los riesgos de ser joven y popular son parte del juego de la fama.
En varios sitios Web se publican numerosas preguntas y atinadas respuestas sobre la virginidad de la joven artista de tan solo 19 años.
El caso de Britney Spears, la niña virgen que súbitamente salió en todos lados a desmentir su castidad es un ejemplo más de la atención que se le presta a la vida sexual de las jóvenes artistas.
En su momento fue Madonna quien creó la fatal controversia de mezclar símbolos religiosos cristianos con temas carnales. La letra escarlata le valió la excomunión.
Es curioso cómo el sexo, la religión y el poder convergen en varias figuras y personalidades como si éstas fueran excusas para hablar de algo más profundo.
En este caso,demi nego que su primer hombre haya sido su ex-novio Joe Jonas, el cantante de 22 años.
Más allá de lo que ocurra en la vida personal de Demi, de Joe o de Ashley Green, parece que la morbosidad de la gente adulta hace de la sexualidad o de la virginidad de los jóvenes famosos un tema de gran importancia.
No sólo son slogans que se venden y se compran, sino que además generan interés. ¿A qué se deberá la curiosidad que despierta la vida sexual ajena?
Quizás Demi Lovato, sus antecesoras y sus predecesoras sean vías de escape para hablar de cuestiones que se consideran tabú al estar relacionados con temores e ideologías que no permiten desarrollar un debate sano.
A estas alturas, hablar de la virginidad es bastante aburrido. Pero así encarado, esto da pie a la otra cara de la moneda.
Si de la virginidad se habla fácilmente, lo que no parece ser tan sencillo es hablar de las relaciones humanas afectivas. En lugar de alentar el debate sobre la sexualidad, los ojos se posan hoy sobre Demi Lovato. Britney fue la víctima del ayer y mañana podrá tocarle a Selena.





















































